
El bailaor flamenco Pepe Galán, junto a la guitarrista Lola Yang y la actriz Ángela Mesa, ha dirigido el taller de flamenco inclusivo “Con otro sentido” en el colegio Pablo Montesino durante el curso 2025/2026. “Con otro sentido” es una propuesta para alumnado de educación especial que forma parte del Programa Andaluz de Arte y Educación. Este cuaderno recoge la entrevista que el grupo de PFTVA realizó para conocer mejor a los tres artistas mientras compartían un desayuno. La entrevista ha formado parte de las actividades organizadas por el centro para disfrutar y valorar el flamenco como patrimonio cultural y artístico del barrio de San Pablo y de la ciudad de Sevilla.
Proyecto perteneciente al Programa Andaluz de Arte y Educación, gestionado por la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales de la Consejería de Cultura y Deporte en colaboración con la Consejería de Desarrollo Educativo y Formación Profesional, en el marco del Plan de Derechos Culturales impulsado por el Ministerio de Cultura.
¿Pepe, cómo defines el flamenco?
Pepe: Pues ahora lo defino de una manera diferente a como empecé. Yo empecé porque lo que me gustaba era el arte en general, el baile, la danza. Después me empecé a interesar mucho más en el flamenco y a ser más aficionado, a conocer el cante, la guitarra. Y desde que hago el Flamenco Inclusivo y desde que conocí a las personas con discapacidad y las posibilidades y el potencial artístico que podemos tener todos, pues el flamenco hoy para mí es mucho más que el flamenco para otra persona que no conoce esta práctica. Porque hoy en día para mí el flamenco es la oportunidad de disfrutar de la vida a través de la música y del baile flamenco, sin pretensiones profesionales, sino sobre todo eso, de disfrutar y de utilizar la música y el baile, que además es nuestra cultura andaluza, y para todas las personas, como dice la declaración de la UNESCO, ¿no? De Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Es para todas las personas, no solamente para los españoles. Por ejemplo, para nuestra gran guitarrista china Lola Yang, y para todos los extranjeros, para pequeños, jóvenes, mayores, y por supuesto para las personas con discapacidad. Así que el flamenco es vida, es arte y es ¡olé! ¡No se puede explicar!
¿Lola, cuándo descubriste la pasión por la guitarra?
Lola: La guitarra desde chiquitita, porque vengo de una familia intelectual. Mi padre era filósofo, mi madre tocaba el piano, entonces siempre en casa escuchamos música, pintamos. La guitarra a lo mejor a los diez, once años, porque empecé con seis años tocando piano, pero como mi madre es pianista y soy un poco rebelde, entonces me gusta la música, pero quería hacer otro instrumento. Entonces, por casualidad, empecé con la guitarra con diez, once años.
¿Te costó trabajo aprender a tocarla?
Lola: Bueno, como cualquier disciplina, se requiere mucho esfuerzo, estudio. A mí no me ha costado porque me gusta la música, me gusta el arte en general. Disfruto a la vez de estudiar.
¿Ángela, cómo supiste que querías ser actriz?
Ángela: Yo lo supe desde niña. Yo era pequeña y en mi casa ya jugaba a inventarme obras de teatro para mi familia. Y en el colegio igual, cuando teníamos un ratito libre, yo siempre me inventaba teatros y canciones y metía a todo el mundo en el saco. Cogía a la gente y le decía: tú haz este personaje, tú haz este otro, y a todo el mundo. Así que desde ahí lo supe, desde siempre.
¿Pepe, te acuerdas de la primera vez que te subiste a un escenario? ¿Estabas muy nervioso?
Pepe: Sí, estaba muy nervioso. Yo de por sí soy nervioso, o sea, nervioso que lo vivo todo con pasión, tanto lo bueno como lo malo. Y recuerdo que la primera vez que me subí a un escenario creo que fue en la Cruz de Mayo, en la velá de mi barrio. Hacía muy poco que había fallecido mi hermano, con apenas diez años. Yo tenía unos seis. Y me sirvió precisamente el baile, el flamenco, en este caso las sevillanas, para ganar el primer concurso. O sea, gané el primero, bailé con una chica, a la chica la dejaron un poquillo de lado porque todo el barrio se puso a gritar: ¡Pepe, Pepe! Y entonces pues descubrí que sin querer era un premio, y el premio no era el trofeo, sino que todo el barrio en ese momento estuviera apoyando. No me estaban apoyando a mí nada más, estaban apoyando a mi familia. A mi madre porque tenía un quiosco. Y entonces éramos muy populares en el barrio precisamente por vender. Eran uno o dos quioscos los que había nada más. Y entonces pues ha sido motivo de alegría ante una situación de tristeza. Y creo que eso lo llevo muy grabado en mi cuerpo, en la sangre.
Y creo que mi trabajo y el actuar sobre todo pues tiene mucho que ver con ese premio que yo gané, que fue el reconocimiento y el apoyo emocional que necesitaba. Y creo que necesitamos todo. Así que nada, os quiero mucho.
Lola: Tengo una pregunta, perdón. ¿Qué barrio era?
Pepe: Era el barrio de La extremeña, en Camas, y esa vez fue la primera vez que me subí al escenario a bailar por sevillanas. La Silvia se ha emocionado. Silvia, pues eso es lo que os va a pasar a vosotros, porque ya te digo, yo estuve estudiando en una academia como vosotros, como hemos estado aquí durante un curso. Y entonces, una cosa es el proceso de aprendizaje y otra cosa es que te vea un público. Y entonces, que te vea el público es motivo para estar nervioso, pero es motivo de felicidad, de alegría, cuando nos aplaudan, en fin, que es muy bonito el poder mostrar nuestro trabajo y nuestro arte. Así que espero que lo disfrutéis cuando llegue el momento, que es ya mismo.
¿Qué es lo que más os gusta de vuestro trabajo? ¿Cuándo pensáis las ideas, cuando ensayáis con los alumnos o cuando la gente aplaude al final?
Pepe: En realidad son como varios procesos, ¿no? Lo de pensar las ideas y desarrollarlas y llevarlas a cabo, eso es como un sueño. Seguimos siendo niños y entonces el no perder esa inocencia y eso de niño, de tomarlo como un juego, que es maravilloso el tener una plastilina o el tener barro y tener una idea. Te puedes equivocar, por supuesto, pero siempre está ahí: «No me gusta así, lo hago así, lo hago tal». Entonces eso es maravilloso, o sea, el pensar algo y poder tener la oportunidad, que también ocurre con las artes plásticas y con todo, o con la poesía. El arte, eso es lo maravilloso que tiene, el proceso no es solamente artístico, sino que es creativo. Entonces eso sirve para todo, para terapia y para disfrutar de “mira lo que ha salido”. Entonces esa parte de las ideas es muy bonito.
Los ensayos es la parte dura, el entrenamiento, el oye, me he equivocado, vamos a volverlo a repetir, o eso, las repeticiones. A veces no tenemos ganas, todos los días no estamos igual. Entonces esa es como la parte más difícil, pero también la más interesante. El verte a un espejo, no gustarte, “tengo un día fatal”, y luego la guitarra, “¿a qué parto la guitarra?”, “Hoy no me suena, tienen la culpa los zapatos no, yo”. En fin, entonces eso es el trabajo, es la disciplina. Y luego el reconocimiento o el aplauso del público también son reconfortantes. Pero bueno, yo creo que son tres partes, tres patas importantes, Y casi por igual.
Ángela: Yo creo que sí, que las tres son importantes porque una no es más importante que otra, porque tú puedes hacer un espectáculo que tenga poco público, y tú habértelo pasado muy bien creándolo. Entonces te vas a quedar a lo mejor un poquito con la espinita de que no hubo el reconocimiento que querías, pero has sido muy feliz haciéndolo. ¡Ay, Silvia, qué bonita!
María José: Es que ella está con el teatro…y lo hace súper bien.
Ángela: Pues tú vives todas esas emociones, que eso es precioso. Eso es vida, amor, todo.
Pepe: Y luego hay otra cosa muy importante que no es solamente las ideas, el ensayo y la muestra final, sino que voy a hablar de la del medio, o sea, una cosa es la idea y otra cosa es el final, pero lo del medio tenéis que ver muchísimo vosotros, porque no es lo mismo montar para una persona que para otra. Entonces el hecho de conoceros, el hecho de compartir, el hecho de que yo tengo una idea, pero a lo mejor la idea cambia porque tú me propones otra, o tu cuerpo es diferente, es otro ritmo de aprendizaje. Entonces es muy bonito, Silvia, el escucharte todos los días o por ejemplo, hoy, la ilusión que le pones, las ganas, cómo cantas: “¡Ay, qué bien, qué bien! Esto va a salir súper chulo”. Entonces eso es, gracias, te decimos nosotros también gracias a ti, a vosotros, porque esto es conjunto y comunitario. Además precisamente el proyecto es así, de artistas, profesores y alumnos. Así que, es mérito de todos.
Ángela: Esto es un trabajo en equipo, a diferencia de otras artes, uno puede estar solo pintando, o puede estar solo tocando un instrumento. Las artes vivas, escénicas, son en grupo, o sea, si no hay un grupo, no hay nada. Entonces, las personas con las que tú compartes, son el porcentaje más alto de lo que tú te llevas, si esas personas te han aportado cosas bonitas, enseñanzas, amor, alegría, crecimiento, tú te llevas eso, si esas personas te han aportado otras cosillas, pues eso te lleva también, y hombre, proyectos como este, aportan muchísimo, muchísimo al corazón, a la vida y a la experiencia de vida, que eso no tiene valor, o sea, ese valor es incalculable.
¿Ángela, tú qué haces cuando algo te sale mal a la primera?
Ángela: Mira, yo he hecho muchas cosas nuevas porque yo soy culo de mal asiento, entonces, sé de eso, de: “ay, yo quiero probar esto ahora, pues ahora quiero hacer tal”. Cuando me sale mal a la primera, me entra frustración, digo: “ah, vale, pues estoy frustrada, pues me ha salido mal, que coraje”. Y lo paso, dejo que pase esa emoción, porque no se va a quedar toda la vida, esa emoción se va, y lo vuelvo a intentar. Eso es básicamente lo que hago, si es algo que quiero hacer mucho, lo sigo haciendo, aunque no me haya salido bien a la primera.
¿Lola, fue difícil aprender a mover los dedos tan rápido o es como un juego para ti?
Lola: Bueno, para tocar la guitarra tampoco hace falta dedos súper rápidos, al fin y al cabo es un arte, no un deporte. Cada uno tiene su tipo de toque, por ejemplo, yo no me considero virtuosa. Hay piezas para las que hace falta velocidad, pero mi cualidad no es la velocidad, sino otra cosa. Entonces hay muchas cosas, como expresar la música. No es como un deporte, no solo depende de la velocidad, y en cuanto a la velocidad se entrena. Si, bueno, hago muchos ejercicios, un día puedo tener los dedos rápidos, otros menos, y ya está.
¿Pepe, qué sientes en el corazón cuando ves a tus alumnos bailar juntos en un escenario?
Pepe: Pues la verdad que me siento súper orgulloso, y lo he comentado algunas veces con las compañeras, con Ángela en este caso, que cuando los alumnos son felices y se sienten muy realizados con el resultado después del proceso de ensayo y tal, pues verles una sonrisa y que lo están disfrutando, y las familias también reconocen el esfuerzo, pues es muy gratificante. Me siento orgulloso y sobre todo me anima a seguir, porque a veces me vengo también abajo por muchas otras cosas, y creo que sigue mereciendo la pena sobre todo por ellos, por el colectivo.
Gracias al baile has viajado a muchos sitios, ¿cuál es el lugar más bonito en el que has estado trabajando?
Pepe: La verdad que sí, en eso sí he tenido mucha suerte, soy un privilegiado, porque además os voy a contar un secreto. Yo me mareaba en los coches, vomitaba. Me he quedado sin ir de excursión, siendo jovencito. La gente iba al Torcal de Antequera, a ver la Alhambra, la Mezquita, y yo no he visto absolutamente nada, me quedaba parece castigado, y no era castigado, era que me mareaba. A veces he cogido el autobús de Camas a Sevilla y me mareaba. Pero he tenido mucha suerte de viajar, con lo caro que es viajar tan lejos, gracias al flamenco, y he viajado a Estados Unidos, a Nueva York, a Australia, ¿cuál es el que más me ha gustado? En realidad no os creáis, o sea, porque viajamos mucho, pero al final uno lo que conoce es el teatro y el hotel, teatro y hotel. Entonces, os voy a contar un sitio que está cerca, que no está tan lejos, que es París. Fui con mi pareja de ocio a descubrir París, y me gustó mucho más y conocí más cosas. Entonces, aunque viajamos mucho, pero no vemos de verdad bien la ciudad. Pero vamos, que tampoco tenemos nada que envidiar, te quiero decir, vivimos en una ciudad en Sevilla que es preciosa, en Andalucía que es maravillosa, España que hay un montón de sitios que no conocemos todavía. Entonces, me gusta viajar sobre todo, pero no para conocer nuevos sitios, sino para darnos cuenta que somos minúsculos, y si miramos al cielo y las estrellas, más minúsculos todavía. Entonces, tenemos muchas cosas que aprender, en el sentido de que cada cultura es diferente, en cada país hay idioma diferente, forma de vestir diferente, entonces, eso sobre todo es una forma de estudiar, o sea, en la calle está el aprendizaje, y descubrimos otras costumbres, otras maneras de pensar. Y creo que eso te ayuda a tener la mentalidad también más abierta, a ser un poquito más empático, a reconocer que cada uno, o sea, ya no por el tema de la discapacidad, sino también los extranjeros tienen sus maneras, por ejemplo en Japón, ¿en Japón a lo mejor son de otra forma, no? No gritan tanto como los andaluces, o hay diferente educación, entonces eso te sirve para relativizar, y sobre todo para crecer como personas. Creo que es muy bonito, eso es lo que me llevo con los viajes. Más que los lugares, las personas, no sé, hay mucha gente diferente, y eso es bonito, la diferencia es muy bonita.
¿Qué es lo más divertido de trabajar con personas con capacidades diferentes, y cuál fue el motivo por el que decidisteis dedicaros al ámbito de la diversidad funcional?
Pepe: Lo más divertido es que hay un montón de anécdotas, ¿verdad? Hay muchas anécdotas que pueden pasar en cualquier momento, y son muy divertidas, lo primero es que cada uno de ellos, igual que cada uno de nosotros, nos riamos de nosotros mismos. Entonces yo he aprendido también a reírme de mí, yo por eso constantemente digo: “la melena que tengo”, y todo el mundo se ríe. Entonces, bueno, quiero decir, no vivir con complejos, sino que todo el mundo tiene capacidades, y también tenemos discapacidades. Todo el mundo no tiene capacidades para hacer todo, entonces, el no tener capacidad de algo, una ausencia de una capacidad, no te convierte en discapacitado. La discapacidad está en otra cosa, que ya sabemos que es la barrera, y entonces, pues, yo creo que eso, con el respeto, con el cariño, la comprensión y la tolerancia, todos somos completamente diversos. Yo disfruto mucho de la naturalidad y de la libertad. A mí son dos claves que me encantan en la vida mía, en mi vida, en la gente que me rodea. Y cuando vengo, por ejemplo, a trabajar con ustedes, tengo esa sensación de que puedo ser yo, soy yo todo el tiempo, natural como soy, y me estoy comunicando con personas que están siendo ellas mismas todo el tiempo. Entonces, eso me da una tranquilidad y una sensación de libertad, que yo creo que para mí es la clave en las relaciones en la vida, con todas las relaciones, estés en el lugar que estés y la posición que tengas. Entonces, a mí es lo que me llena.
Lola: Pues, en mi caso, yo disfruto mucho de la experiencia, de tratar con gente diferente, no solamente gente con discapacidad, también soy profe en un colegio, y disfruto de diferentes situaciones. Bueno, con Pepe llevamos un montón de años trabajando, y este año ha sido un poquito nuevo para mí, este proyecto, porque no tengo tanta experiencia. Pero con paciencia y cariño, yo creo que lo estoy disfrutando en cada sesión. Durante los ensayos me encanta, porque veo alegría en la cara de cada uno, y todo el mundo quería participar, yo creo que eso es lo más importante.
Juan: !Muchas gracias por vuestra participación en la entrevista!
Ángela: ¡Gracias a vosotros!
Pepe: ¡Que la semana que viene es el ensayo general!
Alumnado participante:
Alfonso, Alba, Judith, Mario, Macarena,
Iván, Jesús, Leila, Miriam, Silvia, Álvaro.
Profesorado:
María José y Juan





